El Sistema Integrado de Registros Electrónicos: ¿aliado tecnológico o nueva carga para el contribuyente?

El Sistema Integrado de Registros Electrónicos (SIRE) se presenta como uno de los proyectos más ambiciosos de los últimos años de la SUNAT en su estrategia de modernización del cumplimiento tributario en el Perú. Su propósito es claro: centralizar y simplificar la generación de los registros de compras y ventas utilizando la información contenida en los comprobantes electrónicos, de manera que el contribuyente reciba una propuesta automática lista para validar o, en su caso, corregir. En el papel, la iniciativa promete reducir errores, fortalecer la fiscalización y ofrecer mayor seguridad en la gestión de la información tributaria. No obstante, la experiencia práctica revela un panorama más complejo que merece un análisis crítico.

Uno de los principales retos está en la fiabilidad de la información propuesta. En la práctica, no son pocos los casos en los que las empresas han identificado facturas ausentes, comprobantes duplicados o discrepancias en la conversión de moneda extranjera. Estos errores, lejos de simplificar, obligan a revisiones manuales que generan costos adicionales y un riesgo latente de sanciones por inconsistencias no corregidas oportunamente. A ello se suma la dependencia del SIRE respecto de los libros electrónicos previos: exige que los contribuyentes tengan regularizada toda su historia contable en el PLE, incluso en periodos prescritos, trasladando esfuerzos y recursos hacia la corrección de pasivos administrativos que poco contribuyen al control actual.

El factor tiempo también constituye un cuello de botella. El sistema establece plazos más cortos para la validación de comprobantes, lo que impacta directamente en el uso del crédito fiscal del IGV. Si la información no se valida en el momento oportuno, el contribuyente puede perder este derecho. Esta exigencia golpea con mayor fuerza a las pequeñas y medianas empresas, que carecen de equipos contables amplios o de procesos tecnológicos estandarizados. El escenario se complica con las fallas técnicas reportadas: caídas del sistema, lentitud en horas críticas y dificultades de integración con softwares contables. En conjunto, estos problemas elevan los costos de adaptación y obligan a inversiones en capacitación que para una gran empresa son asumibles, pero para las MYPES representan una carga difícil de sobrellevar.

Otro punto de fricción ha sido la sucesiva postergación de los plazos de obligatoriedad. Si bien SUNAT busca dar espacio para la adaptación, las constantes prórrogas generan incertidumbre e incluso un sentido de inequidad: quienes invirtieron de forma temprana perciben un trato desigual frente a quienes se beneficiaron con las extensiones. Además, persisten interrogantes sobre cómo proceder cuando un comprobante válido no aparece en la propuesta, lo que alimenta la sensación de inseguridad jurídica.

A pesar de estas limitaciones, el SIRE no deja de representar un avance en la modernización tributaria. Su diseño se alinea con estándares internacionales orientados hacia un control preventivo y una fiscalización más eficiente. La crítica no recae en la pertinencia del sistema, sino en la forma en que se está implementando. Para alcanzar sus objetivos, resulta indispensable mejorar la confiabilidad de las propuestas automáticas, flexibilizar las exigencias vinculadas a periodos históricos y otorgar mayor claridad normativa sobre las consecuencias de errores u omisiones.

En suma, el SIRE puede convertirse en un verdadero aliado tecnológico tanto para la SUNAT como para los contribuyentes. Sin embargo, mientras no se corrijan sus falencias actuales, seguirá siendo percibido más como una carga que como una solución. La tarea pendiente está en transformar un sistema que hoy genera preocupación en una herramienta que simplifique de manera efectiva la gestión tributaria en el país.

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